Cap de Creus

El Cap de Creus se sitúa en el NE de Catalunya, en la comarca del Alto Ampordan. Forma parte de las estribaciones de los Pirineos Orientales o Montes Alberes. 

Es un promontorio abrupto de 672 m. de elevación sobre el Mar Mediterráneo y es el primer espacio natural del país en ser declarado parque natural marino y terrestre.


Consta de una superficie de 13.886 hectáreas, de las cuales 10.813 hectáreas son terrestres y 3.073 hectáreas son marinas. Su altitud máxima es de 672 m. en el pico San Salvador. 


Geológicamente es un enclave privilegiado para estudiar el metamorfismo de las rocas, distinguiéndose claramente los diferentes grados de metamorfismo por zonas. Dependiendo del punto en el que estemos, podemos encontrar: Rocas metamórficas: Esquistos, filitos, mármoles, quarzitas, anfibolitas, gneisers o/y rocas ígneas intrusivas: Granodioritas, pegmatitas, migmatitas. 

Donde empiezan los Pirineos. Donde acaban los Pirineos. 

Quinientos millones de años después, piso estas piedras, fracturadas, sinuosas, perforadas, negras, grises. 290 millones de años después piso las blancas y anaranjadas, bajo un azul imposible. Silencio.

Viento. El viento sopla casi siempre, arrastrando el salitre, penetrando la piedra, tallando esculturas imposibles. Imposibles para una mano más pequeña, más humana. Es este un lugar para los dioses, donde solo los dioses pueden habitar. El viento de la locura, se eleva, se arrastra, transforma todo a su paso, horada hasta la piedra más dura, somete al árbol, acaricia las matas bajas, las propaga, las nace.  

Sol. Abrasador, inmisericorde, reflejándose en las rocas de puntas afiladas, de bordes como cuchillos. Otro Sol las trajo a la superficie, el Sol del fuego y el de la fractura de una placa encarándose con otra, fallando, replegándose una sobre otra, danzando estrepitosamente. Rompiéndose. Creándose. 

Lluvia. Torrentes desbocados. Lluvia. Colándose sin permiso en cada grieta, cada agujero, transportando pedazos, gránulos, lo que estaba roto y lo otro, lo que era firme. Surcando nuevos caminos. Creando nuevas vidas. Matando otras. A su paso: la renovación. El cambio. 

Me amarro a la piedra, cierro los ojos, sonrío apenas, una seducción serena, por si mientras la oscuridad me llena, un dios pasea cerca y me desea.

Me dejo ir, atándome a los sobresalientes esquistos, grises, plegados, fracturados, ¿hace cuanto? hace ya 300 millones de años, las placas se movieron. No había nadie para verlo, nadie como yo, nadie humano. 

Paseo, me muestro, soy, mientras las pegmatitas me arañan los pies, me rompen la piel apenas, queriendo beber mi sangre, unas gotas apenas. Pegmatitas blancas, anaranjadas. Este es el único lugar del mundo donde se muestran, como yo. Solo aquí. Sus cristales formados mientras serenaban el calor, penetrando todavía la tierra, me arañan, me queman. Magma enfriado. Era fuego y ahora…ahora son cristales enmarañados en la piedra.

Oleadas de migmatita blanca, gris, anaranjada han creado ondas estáticas, lo que antes era fluido, ahora está quieto. Me muevo, me contoneo, las curvas de mi cuerpo se reconocen en cada movimiento quieto, en su frialdad de ahora, encuentran el aliento abrasador de lo que fueron. 

Todo está quieto. Ahora. Todo está quieto. Silencio. Ahora, todo es silencio, apenas el rumor lejano de las olas. Después del estruendo, de quebrarse, abrasarse, romperse, colocarse. Ahora. Silencio. ◆

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